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Soria
la quisieron y la hicieron verde: intenso de pinar, tardío
de roble, entretenido de agua para regar la mancha boscosa más
extensa de la península. Al viajero le espera una comarca
hermosa y turística. En ella, ruta que se desdobla
en dos itinerarios, averiguará rincones de naturaleza exultante
y arquitectura sólida: el escenario que seduce intenso al
noroeste de Soria. Es una tierra Verde dividida en dos Pinares:
el Alto, por el que hoy nos deslizaremos de la mano de naturaleza
y literatura, y el Bajo, que otro folleto continuará contando
más allá y más tarde. De momento, tomemos la
carretera de Burgos y vayamos, bajo el perfil suave de la sierra
de Cabrejas, hasta Cidones. Será aquí, en esta localidad
en cuya Venta descansó Machado antes de empezar la Ruta de
Alvargonzález, donde nuestro itinerario se bifurque hacia
el triángulo vigilado por el Urbión. La carretera
estrecha coquetea entre roble, risco y brezal con el embalse de
la Cuerda del Pozo. El camino se precipita en curvas y el verano
se sucede en baños, mientras el pantano deja ver, cuando
la sequía lo permite, los restos de un pueblo que inventa
fantasías a flor de agua: dicen que las campanas de iglesia
de La Muedra tocan algunas noches sus canciones sepultadas. Más
allá encontramos otro desvío. Apenas media docena
de kilómetros nos separan de la Corte de los Pinares, la
señorial Vinuesa.
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La
Laguna Negra:
En
el corazón de Urbión, Machado canta la
leyenda de un parricidio y Gerardo Diego le sigue los
pasos y los versos, mientras una laguna se sumerge en
el vértigo de la leyenda. En ella, de la que
las fantasías cuentan que se prolonga hasta el
mar por tortuosos brazos de supersticiones, el padre
Alvargonzález duerme las rimas de su asesinato.
Anilladas por los farallones, las sombreadas aguas de
la Laguna Negra -que contradicen a la leyenda con una
realidad poco profunda- responden al crucigrama de su
nombre. Para llegar hasta allí, bastará
tomar la carretera de Vinuesa a Montenegro, donde un
cartel indica la ascensión. Un par de kilómetros
antes del circo glaciar, el aparcamiento anuncia un
sencillo paseo (en verano y Semana Santa existe autobús)
hasta el epicentro de las Tierras de Alvargonzález.
El recorrido a pie puede hacerse por una variante del
Sendero Ibérico Soriano (GR 86).
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Desde
ella, la carretera que va a Montenegro de Cameros se interna, por
venas de agua y pinar inmenso, hasta un desvío a la Laguna
Negra. Pero la calzada continúa, entre pinos albares y extensos,
hasta el puerto de Santa Inés, donde un punto de nieve
proporciona remonte, dos pistas de esquí de fondo y una de
iniciación alpina. El valle se abre abajo, aventado, ancho,
soberbio... y al final, encajonado entre dos sierras, un caserío
de piedra se arremolina entre las lomas oscuras. Rodeado de acebos,
hayas, robles, avellanos, serbales y castaños, Montenegro
dibuja hechizos a los que no se podrá resistir: vacas en
el monte y una aldea de piedra donde la niebla se cuela por entre
las casonas con regusto a Mesta. De las siete ermitas que un día
tuvo esta villa al límite con La Rioja, sólo permanece
en pie San Mamés, cuya declaración como Monumento
Histórico Nacional puso fin a su uso como majada, y en la
que un románico recogido se decora con frescos que recuerdan
a la escuela catalana. En el barrio de arriba, donde el sol se vuelca
y el monte se hace telón, la iglesia gótica guarda
talla de la Virgen del XIII. Y regresemos por donde vinimos. Los
ojos, llenos de verde, aún han de dejar espacio a la Tierra
de Pinares. Muy cerca del Pantano, Molinos vive acunado por
las aguas del Duero niño. Hay piedra, pinares y un robledal
antiguo que da olores suaves y frescura a los zaguanes. Sus calles,
recuerdo intacto de un tiempo en que fue la más importante
localidad de la Carretería, delatan su pasado arriero en
palacios y caserones del XVI al XVIII, cuyas grandes puertas de
arco y amplios zaguanes dan buena cuenta de un pasado espléndido.
Estamos en un impecable exponente arquitectónico de la Tierra
de Pinares: un pueblo en piedra, madera, ladrillo cara vista, escudos,
dinteles, chimeneas pinariegas, forjas recias... que cuenta con
el premio C de Turismo castellanoleonés. Hay plazas hoteleras
y rurales, posibles excursiones a Vinuesa por la calzada romana,
la ascensión a un Pico de excelentes panorámicas o,
río arriba, un pueblo que tuvo molinos y los vió independizarse.
Es Salduero, que comparte con su vecino encantos, paisaje y sendero.
Comuneras son sus ermitas y sus tierras, así como el pasado
único de un pueblo escindido en
el XVIII. Digna localidad pinariega que reverdea memorias carreteras,
tiene el nombre atravesado por el río infante. Salduero se
inunda de agua, versos y pinceladas de colores. Son las rimas de
Gerardo Diego y los cuadros de Maximino Peña, quien naciera
en una casona donde hoy descansa buena parte de su obra. Callejee
y lléguese a la plaza, donde puente e iglesia le darán
su bienvenida bella, disfrute del hermoso puente medieval sobre
el río, el monte jugoso, la piedra noble... Y déjelo
atrás, en busca de los paisajes con que le recibirá
Covaleda. |
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Donde
nace el Duero:
El
ascenso al Pico de Urbión puede hacerse por la
Laguna Negra, en un itinerario a pie que atravesará
los farallones del circo glaciar y se internará
por praderas y pedregales hasta el nacedero del Duero.
También es posible llegar desde Covaleda, si
bien el acceso más común quizá
sea el de Duruelo, donde un indicador marca la ruta
asfaltada que atrapa a contracorriente las aguas recientes.
Estamos en la vertiente opuesta a la de las lagunas.
Hay hormigueros que abren la boca al cielo limpísimo,
sonidos de vacas y agua, mañanas para llenarse
el alma y los pulmones y, si el día es claro,
un telón de fondo desde el Pirineo al Sistema
Central que no podrán olvidar los ojos.
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Viniendo
de los pueblos por los que acaba de pasear, le sorprenderá
su moderno aspecto. La localidad fue pasto de un gran incendio en
la segunda década del pasado siglo, que se llevó con
él buena parte de la estética pinariega. Es enclave,
sin embargo, de excepcionales rincones para practicar montañismo,
senderismo, bicicleta de montaña y deporfte de comida y merendero.
Asentada a los pies del Urbión, abre un paraguas infinito
de sendas y rincones, imposibles de resumir aquí. Tan sólo
un breve apunte del cercano Refugio de Pescadores, junto a uno de
los puentes más interesante de la provincia; el mirador de
La Machorra o, por la pista que sube a Urbión, Bocalprado,
Tejeros, una piedra andadera a la que basta empujar con una mano
para mover su tonelaje por una extraña ley física...
En cuanto a arquitectura, las llamas no pudieron con el muro cíclopeo
de los siglos IV y III antes de Cristo, las tumbas antropomorfas
o la iglesia gótica de San Quirico y Santa Julita. Y
continuamos, por esas carreteras del dios de los Pinares y de Urbión,
hasta Duruelo de la Sierra, con importantes tumbas antropomórficas
y una iglesia con orígenes prerrománicos. Allí
aguarda Castroviejo, un mirador magnífico donde la erosión
creó una suerte de ciudad encantada, la Cueva Serena y su
cascada, el ascenso a Urbión y el nacimiento del Duero, Peñas
Blancas, la Fuente del Berro, Prados de Miguel, Entrambascuerdas...
Una invitación al senderismo y la travesía que vuela
en excursiones de altura, mientras la población fundada por
los duracos se dispersa en la necrópolis medieval, la sierra,
el agua, las cumbres y, cómo no, imágenes en verde
fuerte, perenne y fecundo, llenando la tierra.
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evantada
a la sombra de reyes y nobles que la eligieron como lugar de esparcimiento,
Vinuesa conserva uno de los mejores conjuntos de la comarca. No
en vano la bautizaron con el sobrenombre de ‘Corte de los Pinares’.
Por si fuera poco, la hermosa localidad fue a enclavarse en un entorno
natural irrepetible. Se cree que fue allí, en el vértice
fértil que forman el Duero y el Revinuesa, donde estuvo situada
la Visontium de los Pelendones. Pero lo que sí ha dejado
claros testimonios es un Imperio Romano que legó a la villa
dos altas obras de ingeniería: el puente que ayer cruzaba
el Duero y hoy el Pantano y la calzada hasta Molinos. En este mismo
puente, la Cañada Real Galiana cuenta una historia más
reciente: la Mesta y la Carretería, que salpican de palacetes
y casonas los pueblos. Dividida en dos barrios, Vinuesa ha resuelto
mezclar humildes casas pinariegas con palacios y mansiones del XVI
al XVIII. Una mezcla de encanto tierno y soberbia noble acompaña
en la ascensión por esta villa que tiene camping y plazas
hoteleras. Balconadas y aleros proyectan su sombra ancha sobre el
suelo empedrado, en tanto que bares y mesones salen al paso ofreciendo
sus tentaciones gastronómicas. Arriba, un recinto del XVI
se abre entre casonas vigiladas por la iglesia gótica. El
templo se alza sobre un barrio de arquitectura más modesta
rebosante de rincones.
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La
Pinochada: En
el centro de la plaza, el mayo extraprimaveral alzado
dos días antes contempla la escena. Es 16 de
agosto, y es fiesta grande - y femenina- en Vinuesa.
Porque no son sino ellas, las visontinas vestidas de
piñorras, quienes, rama de pino en mano, dominan
la mañana. Ese día, niñas y mujeres
la emprenden a golpes con todo aquél -y no aquélla-
que se por allí se acerque. Blanden sus pinochos
mientras repiten “De hoy en un año”, a lo que
el agredido responderá con un cortés “Gracias
La fiesta recuerda una pelea legendaria con Covaleda
por la Virgen del Pino o, como apunta la historia, la
lucha contra dicha localidad y la victoria visontina
gracias a la intervención de las féminas.
Eso será después de que solteros y casados
rememoren el enfrentamiento con una batalla simulada.
| La
‘Corte de los Pinares’ merece el callejeo y el paseo lento. Acérquese
a ver el rollo de la plazuela, las casas de los indianos, los jardines,
los tejados de grandes chimeneas troncocónicas... y sobre
todo alce la mirada a la Casa de los Ramos, santo y seña
del extenso patrimonio visontino.
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Dividida
en dos rutas, la Soria Verde inicia un itinerario común
desde la capital, donde el viajero tomará la
carretera de Burgos (N-234), que le adentrará
tanto a los Pinares Altos como a los Bajos. La primera
opción, que este folleto deshilvana de la mano
de un Duero recién nacido, se separa de la segunda
en Cidones. Y es que, mientras los Pinares Bajos acompañan
a la Nacional todo el tiempo, los Altos se desvían
para internase entre revueltas en busca de la Tierra
de Alvargonzález. Así, y con los versos
de Machado contando un parricidio, el viaje se va a
Vinuesa por una carretera estrecha, que a unos seis
kilómetros de la localidad volverá a anunciarla
en un cruce bien señalizado. La ‘Corte de los
Pinares’ es, además, la puerta hacia la Laguna
Negra. A la entrada de la villa, un cartel a la derecha
anuncia el mítico paraje. Es la misma carretera
que lleva a Montenegro de Cameros, después de
que un Punto de Nieve espere en lo alto de Santa Inés.
La Laguna, a la que habrá que desviarse por una
pista a la izquierda antes de llegar al Puerto, se abre
a excursiones a pie, que llevan a puntos como el nacimiento
del Duero. Tras sus pasos, que cruzan recientes los
hermosos pueblos de piedra, nos encaminamos por carreteras
estrechas a localidades tan hermosas como Molinos o
Salduero. Más allá, Covaleda y Duruelo
de la Sierra reciben a las faldas del Urbión,
ofreciendo sendas rutas al Pico de Urbión.
El regreso a la capital podrá hacerse por el
mismo camino o tomando en Molinos la carretera de Abejar,
que atraviesa parajes como la Playa Pita. Nota:
una buena conexión entre los dos Pinares el área
conocida como El Amogable, que enlaza diferentes puntos
entre ambos. Son carreteras de montaña en aceptable
estado, con paneles indicadores, que sirven de encrucijada
jugosa y apacible entre las dos rutas. Desde El Amogable,
un cartel indica el acceso al sugestivo paraje de Cabeza
Alta .
En
Santa Inés, un punto de nieve proporciona remonte,
dos pistas de esquí de fondo y una de iniciación
alpina. El valle se abre abajo, aventado, ancho, soberbio.
Al final, encajonado entre dos sierras, Montenegro de
Cameros se arremolina entre las lomas oscuras.
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| OFICINAS DE
TURISMO:
Patronato Provincial de
Turismo.
C/ Caballeros, 17. 42002,
Soria.
Tfno. 975 220 511. Fax. 975 231
635.
e-mail:
turismo@dipsoria.com
http://www.sorianitelaimaginas.com Soria
42002.
/ Medinaceli, 2
975 212 052. Abierta todo el
año.
El Burgo de Osma 42300.
Plaza Mayor, 9.
975 360 116. Abierta todo el
año.
Medinaceli 42240.
689 734 176. Abierta todo el
año.
Abejar 42146.
975 373 297. *
Ágreda 42100.
Plaza Mayor, 1. 976 192
714.
Almazán 42200.
Plaza Mayor, s/n. 975 310
502.
Berlanga de Duero 42360.
Plaza Mayor. 975 343 433.
Garray.
975 252 001.
San Esteban de Gormaz
42330.
975 350 292. *
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Más
información:

|
| San Leonardo de Yagüe 42140.
975 376 052. *
Vinuesa 42150.
Castillo de Vinuesa s/n. 975 378
170.* * Abiertas fines de semana, desde Semana Santa hasta Navidad
y todos los días de verano.
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Textos:
Susana Gómez Redondo
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