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noroeste de Soria, y en un viaje por el que desentrañar bellezas,
una extensa esperanza vegetal se duplica en bosques sin fecha de
caducidad. Es un mundo de color intenso. La tierra opulenta por
la que perseguir bellezas. La Soria Verde, jugosa y ancha que se
alimenta de la perennidad de dos Pinares: el Alto, donde la sierra
pare su Duero reciente, y el Bajo, que prolonga hermosuras al sur
del río Ebrillos. Así, y después de dejar atrás
el triángulo vigilado por el Urbión, será esta
última variante la que dé continuidad a esta ruta
desdoblada, que atraviesa e indaga por una de las comarcas más
hermosas y turísticas de la provincia. La carretera de
Burgos serpentea flanqueada por el verde del monte Valonsadero y
la silueta del Pico Frentes. Faro en medio del llano, abre sus faldas
a la cascada de Fuentetoba, junto a vías que son una suerte
de escuela para la escalada. La sierra de Cabrejas acompaña
con su perfil de cresta el camino. Ocenilla empieza y sigue en piedra
a sus pies, y la historia cuenta arriba, allí donde los buitres
leonados sobrevuelan sus dominios, los restos de un poblado celtíbero
que luego ocuparon romanos y visigodos.
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Arquitectura
popular:
La
herencia arquitectónica encuentra en la
comarca un escaparate dilatado, en el que detener los
ojos por la memoria y los pueblos. Localidades como
Navaleno, Casarejos, Talveila o Herrera amén
de un despoblado como Arganza- saltan al paso en medio
del paisaje, entretejiendo su fisonomía de materiales
mixtos por calles y plazas. Las casas pinariegas empiezan
en piedra, suben en mampostería y continúan
en adobe, tapial o ladrillo, con vigas de madera que
entrecruzan bellezas. Y sobre todo ello, el elemento
más característico de una zona que comparte
desde antiguo amores a la lumbre: la chimenea cónica
se alza sobre los aleros y las balconadas de madera,
en una sucesión de tejados que concentra en Talveila,
Casarejos y Vadillo algunos de los mejores ejemplares
de este hogar grande y redondo, dueño absoluto
del techo de las cocinas pinariegas, cuyo antepasado
más directo pudo ser la cabaña celta.
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Seguimos, de
la mano caliza de la sierra, hasta atravesar el bonito Villaverde
del Monte, con plazas hoteleras y buenas casas de sillería.
Más allá, un pueblo junto al Embalse de la Cuerda
del Pozo pone al verano un abanico de ocio, posibilidades, parada
y fonda: Herreros reserva paseos de alameda y roble centenario,
panorámicas de pinares, Urbión y Cebollera, toallas
al sol en sus playas cercanas, un surtido de seducciones a flor
de agua... De nuevo en la carretera general, la Puerta de los
Pinares se abre a la solana de una loma. Abejar es punto de partida
de varias rutas de la Soria Verde, y en él se concentran
los atractivos del bosque y las tentaciones del Pantano, con áreas
recreativas como la Playa Pita. Tiene camping, arquitectura pinariega,
una iglesia de piedra oscura que se cuenta entre las mejores del
gótico soriano y tainas en el monte que hablan de un importante
pasado pastoril atravesado por ramales de Cañada. Si es martes
de Carnaval, el visitante asistirá a un ritual mitráico
y polícromo llamado La Barrosa. Si es el segundo fin de semana
de agosto, la muestra alimentaria combinará los productos
de la tierra con la feria de tradiciones antiguas. Otra vez carretera
y manta, llegamos por una bifurcación hasta Cabrejas del
Pinar, guardado por castillo fuerte con Torre del Homenaje y restos
de muralla. Por la senda del Despeñadero, el moro Almanzor
cruzó en su ir y venir por estas tierras de sabinar y pino,
hoy señalizadas en itinerarios de a pie y bicicleta. Tras
el Puerto del Mojón Pardo, por una carretera de umbría,
pinar y brezo, un pueblo espera en medio de una mancha verde. Navaleno
ofrece a manos llenas una belleza que se derrama sin escaramuzas
en parajes como Vallejondo, Cova la Loba, Junta de los Tres Valles
o las fuentes del Robellano, del Botón, la Chorlita o la
Dehesa Nueva. Atravesada de bosque y regatos, la zona se nutre de
bosque y micología, de buena mesa donde degustar caza y comida
pinariega, de memoria carretera y presente maderero... Más
allá, en este viaje de paisajes libres, el bosque y el agua
hilvanan sus fotogramas hasta una localidad más grande, que
combina industria maderera con un entorno privilegiado: atrapado
entre los esplendores del Cañón del Río Lobos
y la Reserva Nacional, San Leonardo de Yagüe irrumpe en el
camino con una diversidad en la que confluyen geología, fauna
y flora. En
su esófago, el casco antiguo se desordena alrededor del castillo
militar del XVI el primero de su género en España,
mientras las calles se entretejen de arquitectura popular y tiempos
nuevos. En su iglesia, donde los sanleonardinos bailan por San
Blas la danza del Paloteo, un torso del Ecce Homo atribuye su talla
a Gregorio Fernández.
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La
Barrosa:
El
Carnaval de Abejar encuentra en los textos de los estudiosos
connotaciones mágicas y religiosas, reminiscencias
de Taurobolio, recuerdos a Mitra y a Osiris, cultos
al sol... Es la Barrosa una fiesta extraña y
bella en la que una vez más aparece el toro por
estas tierras, si bien ahora lo hace de una forma fingida.
Porque no hay astado en la localidad pinariega, sino
un disfraz con armazón de madera y sábana
engalanada por las mozas que, a ritmo de cencerros,
recorre por la mañana las casas del pueblo en
busca del tradicional donativo.
Al
anochecer, la extraña figura bailará para
morir -simulacro de escopetas al aire- más tarde.
Entierro, vino y resurrección vendrán
a completar este rito de policromía, religiosiodad
y magia, que desde antaño ha de ser protagonizado
por dos quintos de la localidad pinariega.
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Desde
allí, la carretera que lleva a El Burgo de Osma se retuerce
abrupta en una creciente convulsión orográfica. Nos
adentramos al Cañón del Río Lobos, y toda la
zona ofrece escotillas para acceder a los vestíbulos de las
entrañas del subsuelo. Por encima, ajeno a estalactitas y
estalagmitas, el paisaje corta el paso en Casarejos. Es un pueblo
chico, también con danzantes del paloteo a finales
de enero y uno de los lugares donde contemplar más a gusto
la arquitectura popular de la zona. La chimenea cónica se
alza sobre los aleros en una sucesión de tejados que encuentra
su réplica en Vadillo, Talveila; otra carretera lleva
al despoblado de Arganza, con iglesia románica de los siglos
XI y XII; Santa María de las Hoyas taladra su piel y su nombre
de torcas; en Espeja de San Marcelino hay ecos de un antiguo Monasterio
de Jerónimos. Es del XVI, el mismo siglo que viera construir
la iglesia de la localidad... Al fondo, la memoria de mármol
y jaspe de las canteras de Espejón pone el punto y seguido
(nunca final) a esta esquina soriana que quiso ser, por encima de
todas las cosas, Verde.
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ompartido
con Burgos, el río Lobos forma un hermosa garganta de más
de una veintena de kilómetros. Sabinas albares, pino laricio
y vegetación de ribera pespuntean de verdes este recorrido
protegido con el título de Parque Natural, en el que un centenar
de parejas de buitres leonados sobrevuelan las escarpadas paredes
verticales junto a alimoches, águilas reales y culebreras.
En su bello esófago, una ermita del XII se sumerge sin remedio
en un intenso esoterismo. Levantada por los templarios sobre una
abadía anterior en un lugar que afirman equidistante a Creus
y Finisterre, el templo, entre farallones y ventanas naturales,
forma un conjunto agreste, donde parecen respirarse con intensidad
las cosas del cielo y de la tierra. A partir de allí, el
desfiladero volverá a estrecharse hasta el Puente de los
Siete Ojos, en la carretera entre Santa María y San Leonardo,
que bien podría ser otro de los puntos de acceso. Y antes
o después del itinerario, hoy señalizado por un ramal
del Sendero de Gran Recorrido, el Centro de Interpretación
a la salida de Ucero ofrece una amplia información sobre
geología, fauna y flora de la garganta hermosa, kárstica
y milenaria.
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Viaje
al centro de la tierra:
El
Lobos hace de pequeño Guadiana en el suelo calizo,
desapareciendo subterráneo para volver a hacer
visible sinuosidades y meandros prietos en nenúfares.
Las
perfectas formaciones kársticas, resultado del
agua y del tiempo, vigilan un universo de torcas, simas
y grutas, donde la espeleología encuentra su
aduana al subsuelo. En este periplo, lo más parecido
a un viaje al centro de la tierra, la Galiana ofrece
visitas guiadas por su vientre de estalactita. Pero
la zona también brinda excursiones de epidermis.
Los senderos de pequeño recorrido (PR) pespuntean
circuitos de cinco a seis kilómetros en Ocenilla,
Cidones, Herreros, Cabrejas, Abejar, Talveila,
Cubilla, Santa María y Espeja, en un suma y sigue
pedestre y natural por la comarca verde.
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Desde
la capital de Soria, la carretera de Burgos (N- 234)
conduce a Cidones. El desvío a Vinuesa es el
punto de partida a los Pinares Altos, ruta que el visitante
podrá encontrar en el folleto Soria Verde I.
Pero la excursión propuesta aquí, un viaje
por el corazón de los Pinares Bajos, continúa
por la N-234, cruza Villaverde del Monte y sigue hasta
la intersección de Herreros. Después de
visitar este pueblo a orillas del Pantano, la carretera
general lleva unos kilómetros más allá
a Abejar, punto de encuentro entre los Pinares Altos
y Bajos y nueva conexión entre ambos. La carretera
de Burgos, hilo conductor del itinerario, brindará
de nuevo otra bifurcación hasta Cabrejas del
Pinar. De nuevo en la Nacional, Navaleno y San Leonardo
de Yagüe aguardan entre fuentes, merenderos y parajes.
Asados y hongos serán suficientes para hacer
un alto en algunos de los restaurantes de estas dos
localidades, distantes entre sí menos de media
docena de kilómetros. Desde San Leonardo, una
comarcal se interna por el universo kárstico
que va al Cañón. La carretera estrecha,
hermosa de verdes y paredes calizas, se desdobla tras
el despoblado de Arganza: una opción va a Santa
María de las Hoyas, Espeja de San Marcelino y
Espejón, donde Soria acaba. Otra se interna,
por Casarejos Vadillo y Talveila, en paisajes de roble
y pino albar, hermosos flancos de una carretera húmeda
y estrecha que sale, a la altura del Puerto del Mojón
Pardo, de nuevo a la Nacional.
Nota:
una buena conexión entre los Pinares Altos y
los Bajos es el área conocida como El Amogable,
que enlaza puntos como el Puerto del Mojón Pardo
y Navaleno con Duruelo y la carretera entre Abejar y
Molinos. Se trata de carreteras de montaña en
aceptable estado, con paneles indicadores, que sirven
de encrucijada jugosa y apacible entre ambas rutas.
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| OFICINAS DE
TURISMO:
Patronato Provincial de
Turismo.
C/ Caballeros, 17. 42002,
Soria.
Tfno. 975 220 511. Fax. 975 231
635.
e-mail:
turismo@dipsoria.com
http://www.sorianitelaimaginas.com Soria
42002.
C/ Medinaceli, 2
975 212 052. Abierta todo el
año.
El Burgo de Osma 42300.
Plaza Mayor, 9.
975 360 116. Abierta todo el
año.
Medinaceli 42240.
689 734 176. Abierta todo el
año.
Abejar 42146.
975 373 297. *
Ágreda 42100.
Plaza Mayor, 1. 976 192
714.
Almazán 42200.
Plaza Mayor, s/n. 975 310
502.
Berlanga de Duero 42360.
Plaza Mayor. 975 343 433.
Garray.
975 252 001.
San Esteban de Gormaz
42330.
975 350 292. *
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Más
información:

|
| San Leonardo de Yagüe 42140.
975 376 052. *
Vinuesa 42150.
Castillo de Vinuesa s/n. 975 378
170.* * Abiertas fines de semana, desde Semana Santa hasta Navidad
y todos los días de verano.
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Textos:
Susana Gómez Redondo
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