TIERRAS DE
ALMAZÁN

La historia que no cesa


 

na mancha extensa, sin caducidad estacional, cose la tierra. A punto de descubrir una localidad preñada de historia y patrimonio, conducimos por un mundo habitado por ciervos y corzos -lo avisa un pespunte de señales triangulares por la carretera-, en el que las masas boscosas y los trigales proponen su comunión de panorámicas. La comarca por la que nos adentramos intercala los pinares de verde perpetuo con los cambios que las piezas de labor aportan al paisaje anual, en una testaruda perennidad que le pone vida y olores al entorno cerealista. Es el hábitat de una densa población animal que comparte tierra con un paraíso micólogico bajo la pinocha otoñal. El reino de las acículas conquistando dominios vegetales al norte del Duero. La zona con intenso pasado resinero que se prolonga a ambos lados de la Nacional 111, en tanto que el viajero se dirige al pueblo más grande de la provincia. Un rosario de culturas, épocas y viajeros, le aguarda. Más allá una hermosa plaza, después el románico... Y la tierra y la historia, que no cesan.
El pulso de comarca late en Almazán. Localidad de encrucijada, la villa es una constante superposición de diversos estratos históricos, que han dejado escritos sus pasajes en ella.

Ruta románica:

Monumento Nacional, San Miguel, del siglo XII, pone el primer signo de admiración románica en Almazán. De sobria decoración exterior, alberga una magnífica cúpula octogonal, única en la provincia, que hace de estrella estilística en este templo de intensa influencia mudéjar. De la misma época, San Vicente -hoy aula de Cultura- continúa viaje por la expresión románica, tímidamente apuntada en la factura tardía de Nuestra Señora del Campanario. Cerca, el templo de Barca atesora junto a elementos góticos un excelente pórtico, que sirve de antesala a una interesante ruta por el románico rural: las iglesias de Perdices, Nepas, Nolay, Escobosa, Soliedra, Viana de Duero, Villasayas, Maján y Adradas conservan, en estado puro o modificado, muestras del estilo por antonomasia de la provincia. La lista, que podría continuar al otro lado de la comarca por La Revilla, Monasterio, Izana o Los Llamosos, se nutre del perfil austero y bello que dió apellido a esta tierra: es Soria la Románica.

 

 

 Bajada de Jesús

 El Zarrón

Ciudad de avanzadilla, fue frontera primero entre el mundo árabe y el cristiano, y después punto de litigio entre los reinos de Aragón y Castilla. Las batallas de unos y otros la convirtieron en espacio de choque y devastaciones: un lugar que fue pasto de las disputas y sintió en sus carnes de límite las dentelladas de las luchas repetidas. Mora, cristiana, repoblada, sitiada, sometida, arrebatada... vivió su destino guerrero hasta un siglo XIV que le trajo la llamada Paz de Almazán entre Aragón y Castilla, regalando a la villa privilegios que legaron parte del patrimonio que hoy perdura.
Pero no fue sino de la mano de los Reyes Católicos cuando la localidad alcanzó un protagonismo  que conservaría hasta bien entrado el siglo XIX, prolongándose un tiempo de esplendores para la población poco acostumbrada a la tranquilidad. Convertida en Corte en numerosas ocasiones, fue residencia de la familia real repetidamente, viendo así desfilar una galería de monarcas e infantes que van desde Isabel y Fernando hasta Felipe II y III, pasando por el príncipe Juan y su esposa Margarita de Austria. La paz, que parecía haber tomado posada permanente, se quebró un día de 1810 con el saqueo y el incendio de la villa por parte de las tropas francesas. Con todo, las calles adnamantinas supieron conservar los testimonios de su particular universo de cruce, salpicando su tiempo de manifestaciones civiles y religiosas que hoy abren sus puertas al visitante.
Ya dijimos que la memoria es incesante aquí. Porque fue también en esta población próspera que hoy luce el cartel de Villa del Mueble, capaz de aunar modernidad y tradición, industria y artesanía, comercio con agricultura y ganadería,

La Plaza de Morón:
Aprovechando el desnivel de la Plaza Mayor de Morón de Almazán, una delicada armonía recoge en tres alturas los estamentos básicos del XVI: el eclesiástico, la nobleza y el poder civil. Porque allí, en uno de los más bellos conjuntos -y quizá de los más desconocidos- de su tiempo, se dan cita iglesia, rollo jurisdiccional y ayuntamiento. En el templo, dedicado a la Asunción, se conserva el sepulcro de los Hurtado de Mendoza, un retablo mayor barroco y una talla románica de la Virgen. Domina el conjunto de distintos estilos una torre plateresca, exquisitamente labrada en uno de sus lados, delata en su reloj mecánico (que no de sol aunque lo parezca), la tradición relojera de la zona. Más abajo está el Palacio de los Mendoza y los Ríos, renacentista con reminiscencias góticas, y junto a él, el antiguo concejo. Construído en época de los Reyes Católicos, tiene dos pisos, doble arquería y una torre con reloj circular -otro marcador horario en la plaza- rematada por una campana. Completa la escena un rollo decorado con flor de lis y escamas, que recuerda en el centro el privilegio de villazgo.

donde vino a nacer el jesuita Diego Laínez, uno de los fundadores de la Compañía de Jesús y clérigo tan influyente como para rechazar ser Papa y suspender la sesión del Concilio de Trento si caía enfermo.

 

 

 

 

Puerta de Herreros (Almazán)

       Pinar

Iglesia de San Miguel (Almazán)

 Rollo de las Monjas (Almazán)

lmazán tiene carácter de cruce, una afortunada ubicación de paso y una pluralidad por la que respirar fusiones. Desembocadura múltiple de gentes y épocas, la segunda población de la provincia en número de habitantes y centro motriz de la comarca inicia su conglomerado histórico en la Edad del Bronce, que dejó en El Guijar y en el Soto Ocáliz su estela antiquísima. Más tarde, el libro de la memoria vuelve a abrirse por la página del Hierro en el cerro del Cinto, para saltar a la Celtiberia en La Muela y los Chopazos.
Maravillas medievales y estelas de reyes recorren el espinazo adnamatino, que cobra auge comercial y económico en el siglo XXI. Y es que, esta localidad que hoy es eje de una fuerte industria mobiliaria, no sólo ha visto pasar los siglos, sino que los ha ido atrapando para acabar reuniéndolos en una heterogeneidad plena. Así, y tras la cara moderna con que recibe a la entrada, se recoge un casco lleno de arquitectura y pasado, que prolonga esplendores más allá del puente y la pasarela de sinuosidad contemporánea. Mora, cristiana, repoblada, sitiada, sometida, arrebatada... supo conservar en sus calles los testimonios de su particular universo de cruce. En ella, corazón y cabeza de la comarca, deambula el tiempo, repartiendo milagros.


El Zarrón:

El 17 de mayo, Almazán revive un ritual antiguo durante las fiestas de San Pascual Bailón. Es el Zarrón, celebración con simbología pastoril en la que varias parejas ejecutan danzas del XVIII, mientras dos singulares figuras con rabos de zorro las flanquean. Enemigos de las ovejas o representación del mismo demonio, los zarrones reparten mamporros a diestro y siniestro en la plaza, la misma que el primer domingo de septiembre será el escenario de otra importante cita adnamantina. La Bajada de Jesús reúne explosión de adrenalina, fuegos artificiales y traca final que golpea el pulso y el tímpano. El Nazareno regresa a su ermita entre luces de colores, flores y peñas, mientras los costaleros cumplen promesas de fe y un pueblo vibra de fervor y emociones.
 

La villa adnamantina empieza a subir despacio desde el lecho del Duero, vigilada por un recinto amurallado que asoma a la vega sus recuerdos desdoblados: del primitivo lienzo árabe apenas quedan algunos cimientos y el nombre de una localidad -Almazán significa El Fortificado-, que sí conserva los restos de un siglo XII cristiano afianzado en las Puertas de Herreros, del Mercado y de la Villa. Al noroeste, los siglos decidieron cebarse menos con la muralla, manteniendo mejor los tramos junto a un torreón que las voces populares bautizaron como Rollo de las Monjas. Prieto de pasado, el casco antiguo va ascendiendo por la colina hasta el Cerro del Cinto, donde una panorámica atrapa fotogramas perforados por la hermosura. A sus pies, las calles albergan los testimonios de su particular universo de cruce, instalados en iglesias, casonas y palacios cuya  presencia es el motor de un importante atractivo turístico.
Para abrir boca en el recorrido, nada mejor que empezar por una Plaza Mayor que concentra generosas dosis de arquitectura civil y religiosa. La Puerta de la Villa da entrada a este bello recinto, donde el Palacio de los Hurtado y Mendoza alza su imagen gótico-renacentista, en tanto que una esquina arropa la iglesia de San Miguel. Pero pasear por la villa es ir encontrándose de frente con los relicarios de la historia y el arte: un desfile de fuertes sabores medievales en el postigo de Santa María, nobles caserones en la calle de las Monjas, el Convento de las Clarisas, la iglesia barroca de San Pedro, la ermita de Jesús, los restos del Convento mercedario donde muriera Tirso de Molina... y un pueblo salpicado de bares y restaurantes en los que saborear caza, cocido o codillo en esta tierra célebre por sus dulces de yemas y paciencias.
 

OFICINAS DE TURISMO: 

 

Patronato Provincial de Turismo.

C/ Caballeros, 17. 42003, Soria.

Tfno. 975 220 511.
Fax. 975 231 635.

e-mail: turismo@dipsoria.com

http://www.sorianitelaimaginas.com
Soria 42002.

C/ Medinaceli, 2.

975 212 052. Abierta todo el año.

El Burgo de Osma 42300.

Plaza Mayor, 9.

975 360 116. Abierta todo el año.

Medinaceli 42240.

689 734 176. Abierta todo el año.

Abejar 42146.

975 373 297. *
Ágreda 42100.

Plaza Mayor, 1. 976 192 714.                    Más información:

Almazán 42200.

Plaza Mayor, s/n. 975 310 502.

Berlanga de Duero 42360.

Plaza Mayor. 975 343 433.
 Garray.

975 252 001.
 San Esteban de Gormaz 42330.

975 350 292.

*San Leonardo de Yagüe 42140.

975 376 052. *

Vinuesa 42150.

Castillo de Vinuesa s/n. 975 378 170.
 * Abiertas fines de semana, desde Semana Santa hasta Navidad y todos los días de verano.

 

.Textos: Susana Gómez