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T
I E R R A D E L B
U R G O
A
la Luz del Arte
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Catedral de
El Burgo de Osma
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espera el cielo azulísimo sobre los sabinares y el suelo
rojo. Una luminosidad que ofende (en Soria ofende el sol, se regala
la nieve, no se rebaña el plato sino que se allega y en los
atajos se atrocha, porque así lo quiere el habla). Un viaje
saturado en busca de uno de los pedazos más monumentales
de la provincia. Que un mal e infrecuente nublado no borre el camino
que, por un ramal a la derecha desde la carretera de Valladolid,
lleva a Calatañazor. Está a punto de saborear el encanto
bien conservado de uno de los pueblos más visitados de la
región. El descenso, hecho de revueltas, se hunde hacia el
río Milanos. Hay luz. Mucha luz bañando el día.Tras
una curva, el lienzo del XII y XIII deja intuir la vehemente escenografía
que ampara. Más allá, y tras recorrer despacio
la fascinación medieval de la villa, un bosque de sabinas
de más de veinte metros de alto y dos de ancho saluda junto
a la carretera de Muriel de la Fuente. El Espacio Natural del Sabinar
de Calatañazor crece centenario en el llano, vigía
de un itinerario cuyo próximo desvío lleva a Abioncillo.
La aldea, que iba camino de engordar la lista de los despoblados,
cuenta hoy con centro de recursos didácticos, laboratorios,
cocinas y horno tradicional, museo etnográfico, gallinero,
huerta, fragua... Cursos y experiencias pedagógicas han vuelto
a dar vida a este pueblo-escuela reconstruido por un grupo de profesores
en los 80, en instalaciones que han sabido recuperar la arquitectura
semihundida de un día.
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Calatañazor :
Calatañazor recibe con casas de mampostería,
adobe y sabina. Un encestado de barro abre sus balcones
a las calles de soportal, mientras por el empedrado
se derrama un tiempo detenido. El Conjunto, declarado
Histórico-Artístico, conserva restos romanos
en el trazado de la calzada; pero la magia que asalta
a bocajarro por entre las chimeneas cónicas tiene
el sabor del Medievo. Intérnese despacio por
su fascinación antigua: entre a la iglesia románica
con matices góticos, continúe hasta la
plaza y el rollo, desemboque en los restos del castillo.
Dicen que fue aquí, en este Valle de la Sangre
que hoy se llena de trigo, donde Almanzor perdió
el tambor. Abandónese a su leyenda entre memorias
cristianas y musulmanas, compartála con buitreras,
riscos y tumbas antropomorfas, cuélese en tascas,
mesones, restaurantes y alojamientos, roce el pasado
en el museo etnográfico... Y un apunte cinematográfico:
Orson Welles rodó Campanadas a Medianoche en
este escenario que hoy es, atenta y espectacularmente,
suyo.
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 Calatañazor
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 Castillo
de Ucero
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Regrese
al cruce para continuar por la carretera de Muriel de la Fuente.
Allí, cerca de esta localidad que lleva en el nombre sílabas
húmedas, rompen en La Fuentona las aguas del Abión.
Zambúllase de lleno en la belleza de la surgencia. Bucee
en su diálogo de luz y agua y, acompañado por la luminosidad
constante, deshaga camino hasta la carretera de Valladolid. A pocos
kilómetros, un cartel anuncia el desvío a Rioseco.
Allí encontrará campo de golf rústico, alojamiento
rural, restaurante, iglesia con ábside románico, pila
bautismal que bien podría ser visigoda y rollo medieval construido
con tres columnas de la villa romana de los Quintanares (por cierto,
el Saturno en mármol del Museo Numantino de la capital procede
de allí). A escasa distancia, la iglesia de Torreandaluz
obsequia con una espléndida portada románica. Y vuelva
por donde ha venido. La excursión es extensa y se prolonga
hasta El Burgo de Osma, donde su agenda se apretará de visitas
y paseos. Entréguese sin disimulo a la fisonomía intachable
de una localidad repleta de patrimonio. Después, con los
ojos y el paladar llenos, prolongue el viaje hasta un pueblo privilegiado
a las puertas del Cañón del Río Lobos. Ucero
es medieval, angosto y hermoso. Los restos de su castillo templario
se asoman a una vega fiera, mientras sus calles deshojan estéticas
de piedra y cuesta. Tiene enclave de privilegio, establecimientos
de turismo rural y una iglesia que vuelve a traer la mística
de los monjes guerreros en el Cristo de los Templarios. Cerca de
allí, la cueva de la Zorra se interna por 130 metros de túnel
excavado en la roca, apenas una parte de la conducción que
daba de beber a la antigua Uxama. De nuevo hacia El Burgo, Fuentearmegil
insiste en hacer parar al viajero. La cuna de Fray Fernández
Núñez, único templario de nombre conocido,
tiene iglesia con puerta califal y artesonado mudéjar, rollo
con cadenas del antiguo calabozo y apuntes medievales: tres estelas
de la época han salido de sus secretos -una se fue al Museo
Numantino, otra vigila la ermita y la última es espectadora
de partidos en el frontón. Muy cerca, Berzosa obsequia
con uno de los más antiguos ejemplares del románico
rural de la provincia: nacido en el siglo XI, San Martín
de Tours posee galería porticada del XII y capiteles fascinantes.
Más allá, en el camino de El Burgo hacia Caracena,
otra experiencia vuelve a salvar del abandono a un pueblo. El adobe
de Navapalos, deshecho de despoblación, oía en 1960
cerrar su última puerta.
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Reliquia
Terciaria: Lentas como los ejemplares prehistóricos
que son, las sabinas albares se retuercen sin prisa
en los llanos de Calatañazor. Son casi reliquias
del terciario cuya paciencia para crecer les permite
vivir hasta quinientos años. El Sabinar de Calatañazor
(un rapto de hermosura con el título de Espacio
Natural) da además cobijo y menú invernal
a una interesante población alada, que viene
a poner más vida a este bosque centenario que
se prolonga hasta Muriel de la Fuente. Pasando la piscifactoría
de esta localidad, otra maravilla declarada Monumento
Natural deja el mundo subterráneo para manar
gélida y transparente. Es La Fuentona, la laguna
donde viene a nacer el truchero Abión, la poza
kárstica en la que conversan los mundos de las
luces y las aguas. Si puede, que el día sea claro
y la hora tirando a temprana: el sol incide en la superficie
y bucean hilos de colores hacia el fondo, allí
donde la imaginación ha parido a monstruos y
ondinas.
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Pero desde 1985, un proyecto de
investigación y formación lo reconstruye con técnicas
de la zona. El protagonista, un material barato y omnipresente:
el barro. Nos
encontramos en tierras marcadas por el paso del Cid. Si Navapalos
y el río Caracena forman parte de la Ruta del Destierro,
Fresno de Caracena fue residencia de Per Abbat, el clérigo
que algunos estudiosos apuntan como posible autor o copista del
Cantar. Desde él, donde se alza un rollo-picota, una aldea
seduce entre risqueras y buitres. Caracena es fiera y magnífica.
En uno de los entornos más sugerentes que vegas y cañones
hayan diseñado, protege con restos de muralla sus tesoros
agrestes. El cañón desciende salvaje hasta Tarancueña,
en tanto el caserío concentra yacimiento de la Edad del Bronce,
rollo barroco, puente románico, cárcel, castillo,
casas nobles y populares... Dos templos vienen a completar la lista:
la románica Santa María, con factura del XII, y San
Pedro, Monumento Histórico Artístico con pórtico
que se desdobla en columnas, algunas en una torsión que las
hace espléndidas.
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 La
Fuentona
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 Ermita
de San Bartolomé
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 Caracena
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génesis histórico de El Burgo de Osma lo da Uxama,
la ciudad celtíbero-romana asentada sobre un castro en el
cerro defendido por el Ucero. Arévaca como Numancia y Tiermes
e igual de importante que ambas, la población ha dado al
Museo Numantino mosaicos, cerámica, monedas, esculturas y
artesanía, además de conservar in situ restos de construcciones.
Más tarde y más allá, la cartografía
espacio-temporal se traslada a una colina antigua, donde el castillo
de Osma escruta el horizonte. Abajo, un puente de piedra sobre la
hoz del Ucero pone una nota restaurada junto a la Torre del Agua
y la iglesia de Santa Cristina, cuyo cuerpo incorrupto descansa
en el altar mayor. Que no le engañe al viajero la modesta
arquitectura de adobe y bodega de la vieja Osma. Destacado emplazamiento
en la Edad Media, la ciudad alzó muralla y tuvo burgo, el
mismo en el que, recién inaugurado el siglo XII, San Pedro
de Osma levantara un templo románico sobre los restos de
un monasterio visigodo. Era la primera piedra de una villa que,
crecida al amparo de báculos y mitras, llegaría a
convertirse en sede episcopal de la provincia, villa prieta en patrimonio
y una de las más importantes localidades del desarrollo soriano.
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Cañón
del Río Lobos: El
río Lobos forma una espectacular garganta kárstica,
en la que un cauce inexorable no deja de horadar una
inmensa escultura natural. Sabinas y vegetación
de ribera lo acompañan en este recorrido que
cuenta con el título de Parque Natural, y donde
los buitres leonados han encontrado el hábitat
perfecto. El acceso más usual es el que parte
desde Ucero hasta San Bartolomé, ermita templaria
del siglo XII en un enclave fascinante, lleno de simbolismos
y coincidencias geográficas, en el que se respiran
con intensidad las cosas del cielo y de la tierra. Más
allá, el Cañón se estrecha esculpido
por el Río Lobos, mientras
sugerentes formaciones, resultado del agua y el tiempo,
llenan el Cañón de cavidades (toda la
zona es destino de espeleólogos en busca de simas
y grutas), entre las que se encuentra la Galiana, que
cuenta con visitas guiadas por su interior de estalactita.
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Conjunto
Histórico-Artístico, El Burgo de Osma
despliega uno de los más nutridos legados de
la provincia. La porticada calle Mayor brinda el primer
encontronazo con arte y arquitectura. Una plaza salpicada
de terrazas abre a la izquierda la perspectiva del Ayuntamiento.
A la derecha, el Hospital barroco de San Agustín
acoge la Oficina de Turismo y un centro cultural. Vamos,
entre soportales castellanos y edificios nobles, a desembocar
a una hermosa plaza irregular, formada por casas porticadas,
fuente y muralla. Presidiéndola, la Catedral
se entretiene en una exquisita fusión románica,
gótica, barroca y neoclásica. Entre en
la serenidad de su claustro gótico tardío,
donde aún se reconocen restos románicos.
Acérquese al sepulcro gótico y polícromo
del santo fundador. En el Museo disfrutará de
cantorales, códices, incunables, orfebrería
y objetos sacros de toda la provincia. Espera el retablo
mayor de Juan de Juni y Picardo, el Beato de Osma, miniado
en el siglo XI, la escalinata renacentista, las tallas
románicas y góticas, los caprichos vidriados
de la luz... Tras este tiempo en claroscuros, salga
y lléguese a la Puerta de San Miguel, el Convento
del Carmen, el parque que despierta con más de
cuarenta especies vegetales. Más allá,
donde el Ucero y el Abión se besan, el barrio
de las Tenerías recibe con memorias de aljama
judía… Y camine. Entréguese al dédalo
de calles, a los mesones y restaurantes (si es invierno,
quizá pueda participar en las jornadas rito-gastronómicas
de la matanza), a una agenda apretada en la que aún
queda el Seminario neoclásico, la portada plateresca
de la Universidad de Santa Catalina, el viejo Hospicio
con 365 ventanas Con el plano, desdoblado en citas,
le dejamos.
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OFICINAS
DE TURISMO:
Patronato
Provincial de Turismo.
C/
Caballeros, 17. 42002, Soria.
Tfno.
975 220 511. Fax. 975 231 635.
e-mail:
turismo@dipsoria.com
http://www.sorianitelaimaginas.com Soria
42002.
C/
Medinaceli, 2.
975
212 052. Abierta todo el año.
El
Burgo de Osma 42300.
Plaza
Mayor, 9.
975
360 116. Abierta todo el año.
Medinaceli
42240.
689
734 176. Abierta todo el año.
Abejar
42146.
975
373 297. *
Ágreda
42100.
Plaza
Mayor, 1. 976 192 714.
Almazán
42200.
Plaza
Mayor, s/n. 975 310 502.
Berlanga
de Duero 42360.
Plaza
Mayor. 975 343 433.
Garray.
975
252 001.
San
Esteban de Gormaz 42330.
975
350 292. *
San
Leonardo de Yagüe 42140.
975
376 052. *
Vinuesa
42150.
Castillo
de Vinuesa s/n. 975 378 170. * Abiertas fines de semana,
desde Semana Santa hasta Navidad y todos los días de verano.
Textos:
Susana Gómez
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información:


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